Un tipo feliz vende sus libros


Esa tarde en la Alianza Francesa había una feria del libro. Muchas mesas muy interesantes con libros diversos.

En especial me quedé con uno de un tipo que vendía sus propios libros. Le pregunté y en efecto se los había leído todos.

Parecía un tipo feliz. Pero cómo puede un tipo vender sus libros, su tesoro más preciado (lo dice un loco de los libros)

Le compré un total de seis libros y todavía me acuerdo de la sonrisa del tipo

En casi todos esos libros había una reseña de la fecha, el lugar y un nombre.

Esos libros son ahora mi tesoro, todavía no me atrevo a vender ninguno de los míos

Todavía no sé bien si el tipo era feliz porque vendía sus libros o vendía sus libros porque era feliz…

Kurt Wallender (Henning Mankel) y evaluación


Hace ya un tiempo  introduje en uno de mis posts el tema de la “ficción del desarrollo“. Hoy voy a contar sobre un activista que luego devino escritor (¿el post-desarrollo de la ficción?). Cuántas novelas podríamos escribir los que trabajamos en “desarrollo”…

A pesar de que hay algunas noticias sobre el declive de las novelas policiacas Nórdicas, el llamado “Nordic Noir“, quiero presentar hoy a uno de mis grandes compañeros de viaje, el detectice Kurt Wallender, gran evaluador y mejor persona.

Wallander es la creación del escritor sueco Henning Mankell. En 1989 Henning Mankell volvió a Suecia después de un largo periodo en África, especialmente en Mozambique, donde dirigió  desde 1986 el Teatro Avenida de Maputo (Mozambique).  A su regreso a Suecia, Henning Mankell quedó asombrado por la xenofobia que parecía haber comenzado a crecer en la sociedad sueca y decidió escribir sobre este tema. Dado que el racismo, según Mankell, es un delito, necesitaba un oficial de policía. De una búsqueda al azar en una guía telefónica nació el nombre de Kurt Wallander.

Entre 1991 y 2009, durante 18 años publicó  10 novelas de Wallander. La primera “Asesinos sin rostro” (“Faceless killers”) y la última “El hombre inquieto “(“The Troubled Man”).  Mankell es un intelectual de izquierdas comprometido activamente con su entorno (manifestaciones contra Vietnam y contra las guerras colonialistas, participó en una de las flotillas hacia Gaza en 2010, visita campos de refugiados…). En sus novelas hay muchas referencias a Africa y a las organizaciones humanitarias involucradas en África.

Algunas pistas para entender el universo (de ficción) Wallander:

  1. Kurt Wallander es un policía sueco obstinado y bueno pero, al mismo tiempo, difícil, gruñón y disfuncional. Aunque vive en una ciudad pequeña llamada Ystad, en la provincia de Skane al sur de Suecia, tiene el cansancio vital típico de un policía de una gran ciudad. Su entorno aparentemente por tanto es sereno, donde las cosas no deberían suceder, excepto que lo hacen: Las cosas (y vaya cosas) suceden muy, muy a menudo. Luego está el fondo: el suelo sombrío e implacable de la región Skane, en esta zona que hace frontera con Dinamarca. “Las áreas fronterizas tienen un dinamismo propio”, dice Mankell.
  2. Otros policías luchan contra sus demonios, pero Wallander a menudo parece que está poseído por ellos. Sus ojos enrojecidos, su expresión devastada y su comportamiento derrotado apuntan a un hombre que nunca consigue un respiro de la frustración y la angustia que se acumulan dentro de él. Es  un hombre permanentemente al límite, “una especie de herida abierta”. Un hombre que está aparentemente a un paso de tener un colapso total. Pero los malos días siguen sucediéndose, y Walander todavía sigue dando guerra. Cada crimen que resuelve o no (resuelve), todavía piensas que lo siguiente que va a hacer es simplemente…morir.
  3. La agonía mental de Wallander se debe en parte a su sensibilidad hiper-sensible por las víctimas de los crímenes, y a su inclinación por la introspección existencial mientras contempla su entorno.
  4. Hay un desequilibrio hacia detectives varones, pero cuidado eso no significa que no haya escritoras que escriben sobre detectives (sobre detectives mujeres o varones). Como en el caso de otros muchos otros detectives, el hogar de Wallander no es un ejemplo de armonía (para otro día dejaré el analizar este asunto, muy relacionado con el trabajo de investigación o evaluación y el equilibrio familiar). Walander es desordenado tanto en sus hábitos de sueño (duerme poco), como en sus hábitos alimenticios: toma café continuamente, come a deshoras y cualquier cosa (es adicto a la comida rápida). Su esposa lo dejó por otro hombre, tiene una relación difícil (lamentable) tanto con su hija Linda, como con su padre envejecido, cuyas capacidades mentales están fallando rápidamente. Entonces, ¿cuál es la atracción? Quizás es su autodestrucción intransigente, sus lamentables relaciones personales, su  incapacidad para mantener cualquier relación femenina lo que tanto fascina. Wallander es absolutamente insalvable. .
  5. Kurt Wallander tiene pocos verdaderos amigos y aunque tiene trazas de humor, no es exactamente la alegría de la huerta. Sin embargo, hay destellos de optimismo en la oscuridad de su alma, y ​​es capaz de ocasionalmente intentar la apariencia de una vida “normal”. Su hija logra convencerlo de tener algunas citas y, en efecto, aunque dado lo absorbente de su labor policial parece que el amor no va con él, Wallander siente y tiene expectativas profundas hacia sus eventuales citas…y aunque se dé cuenta de que no presta suficiente atención al lado sentimental, paradójicamente se pregunta por qué fracasa continuamente.
  6. El teléfono de Wallander tiene un tono de llamada único. Es apropiado que su tono de llamada sea diferente a cualquier otro, porque enfatiza lo importante que es su teléfono para él. Es una conexión permanente con el lado oscuro, un recordatorio permanente de que un nuevo caso, una nueva pista, un nuevo giro diabólico pueden ocurrir en cualquier momento, sin importar dónde se encuentre. Lo más saludable sería que Wallander cambie su forma de ser, pero ser “saludable” no es lo que va con este obstinado detective bueno. Resolver casos y luchar sin cesar con su pasado… eso es lo que le va.
  7. Wallander es sistemático en la documentación de sus informes. Cuando descubre que su hija escribe poesía su reflexión es que él mismo escribe mucho y de forma metódica, pero solo informes de policía. En su enfoque de investigación es intuitivo, sensible (a veces incluso quiere sentir lo que pasó cuando visita escenas del crimen), persistente y  busca sistemáticamente un modus operandi. Su forma de liderar equipos es peculiar ya que pone al límite a su grupo (reuniones de trabajo durante los fines de semana hasta la madrugada), pero sabe ser generoso y distribuye el trabajo según el valor añadido de cada cual. Podríamos decir que como tantos otros detectives, es un evaluador con un método ( “Profundizar normalmente nos lleva hacia adelante” (La Pirámide)), pero también con duende (sus hallazgos son una mezcla de azar, casualidad, obsesión y perseverancia): como decía Picasso “cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando”. Wallander sigue las pistas (los patrones de comportamiento) hasta la extenuación, hasta que no dan más de sí, bien porque llevan a una vía muerta…o bien porque nos dan las conclusiones correctas (o porque estamos cerca del final del libro que no queremos que termine (i)

¿Cómo no encontrar paralelismos de algunos de los puntos anteriores con la evaluación?. El oficio de evaluación conjuga también trabajo en equipo con períodos de trabajo en solitario. Es a veces  difícil dejar de pensar en el caso (de estudio) que se tiene entre manos, ya que todo el tiempo es poco y siempre hay nuevas perspectivas o matices que añadir. Con la actual tendencia a trabajar a través de asociaciones de evaluación o grupos de colegas, tenemos nuestra propia red, es nuestra conexión permanente con el “lado oscuro”, con nuevas pistas para nuevos casos.  Y para finalizar, en este oficio de la evaluación a veces también intentamos la apariencia de una vida “normal” (cuando raro es el evaluador(a) que no es un freaky consumado).

Bueno pues quizás algun@ podáis ver también alguna similitud más…y comentarnos 🙂

Todos tenemos un poco de Mankell/Wallander dentro de nosotros. Larga vida a Mankell, larga vida a ese personaje tan real y ya no tan de ficción: Kurt Wallander. Prueba de ello es que ya ha sido encarnado en las pantallas por tres actores diferentes:

Kurt Wallander (Rolf Lassgard, Kenneth Branagh y Krister Henriksson), de Henning Mankell

Mankell murió en 2015 a los 67 años, dejándonos un poco solos, con un Wallander en decadencia y con la misma enfermedad que tuvo su padre…A Wallander  se le diagnostica diabetes y hacia el fin de su carrera sufre de pérdidas de memoria debidas al Alzheimer.

Mankell con refugiados congoleses en Uganda

…y para los que piensen que las novelas policíacas no son suficientemente intelectuales, porque no hablan de Scriven, Greene, Weiss, House, Stake, Stufflebeam o de Patton…pues ahí  va esta Cumbiera intelectual:

La ficción del desarrollo


“Contar es casi siempre un regalo, incluso cuando lleva e inyecta veneno el cuento, también es un vínculo y otorga confianza” (Javier Marías)

En esta ocasión traigo juntas algunas de mis pasiones: literatura, desarrollo y evaluación. La evaluación tiene de arte y de ciencia. Este post está dedicado a una de las personas que más me han influido tanto por su arte, como por su ciencia: mi padre. De él aprendí por qué subimos las montañas…“porque están ahí”….

La evaluación es una ciencia inabarcable y es un arte que se va perfeccionando y tomando nuevos matices con su práctica (y teoría). Ciencia y arte requieren de altas dosis de suerte y razonamiento. Forma parte de ello el arte y la ciencia de contar historias. Un evaluador ha de saber contar historias. Y es que esto del desarrollo da para muchas historias. El reto es escucharlas, construirlas y contarlas bien…y que te escuchen, que ése es otro cantar. A veces el problema no es la historia o el/la relator/a, sino una audiencia sorda, aunque un buen enfoque evaluativo ha de estar preparado ante tal eventualidad.

Contar historias o relatos nos ayuda a compartir nuestro conocimiento poniéndolo en contexto y dotándolo de emoción. Podemos compartir así conocimiento tácito y explícito. Las historias o relatos por otro lado llaman nuestra atención aumentando la posibilidad de escuchar y aprender. Pero a veces la potencia de contar y escuchar historias deja atrás…hasta los mismísimos RCTs. Y es que una buena narrativa o historia es mejor que muchos documentos, incluidas evaluaciones, especialmente cuando están basados en anécdotas…

Podemos encontrar muchos enfoques en base a contar historias en la evaluación de programas. Y por ejemplo la técnica de los “Cambios más significativos” (Most Significant Changes) se basa en seleccionar historias. La misma evaluación basada en la teoría de programa ha de ser capaz de reproducir la historia de “lo que ha pasado y por qué ha pasado” entremezclando a sus protagonistas: el diseño, el contexto, la estructura, el proceso y los resultados del programa.

Numerosas organizaciones recurren a ello, contando historias “de personas, de gente”, que es lo que más llega “a las personas, a la gente”. Ahora por ejemplo Oxfam Intermon demuestra el poder del arte para contar historias que lleguen a la gente en su proyecto “Un arte que agita conciencias”, en el que reivindica las bondades y necesidad de la cooperación para el desarrollo. A pesar de que no son buenos tiempos para la lírica.

Recientemente en base a una conferencia en el IDS que se emitió en la BBC (Popular Representations of Development: Insights from Novels, Films, Television and Social Media) ha habido un debate en la red KM4Dev sobre la ficción en el desarrollo. Supongo que muchos profesionales del desarrollo tendrán el gusanillo de escribir, aunque serán menos los que se dediquen a ello de forma más o menos sistemática (ya no digo profesional).

Por otro derrotero, pero dentro de la familia Oxfam, en uno de sus recientes posts, “Cautionary-tales-for-development-folk”, Duncan Green habla del libro escrito por un viejo conocido mío, Neil McDonald. Conocí a Neil en una misión en Ecuador para el proyecto Futuros Humanitarios. Este proyecto, Futuros Humanitarios, y la técnica que utilizaba, los “escenarios de futuro“, me recordaba a la técnica de la psicohistoria en esa saga de novelas de Asimov, la Fundación, que leí cuando era más joven (y vuelta a la ficción, los libros, la literatura y al desarrollo…y es que como decía Rilke “nuestra verdadera patria es la infancia”). Entonces, hace casi 7 años, Neil me pareció un escocés sabio y experimentado en temas de desarrollo, del que se podía aprender mucho…(y algo cascarrabias 😉 ). De él escuché el comentario:“Si no fuera por la cantidad de gente incompetente dentro de las instituciones, no habría trabajo para consultores independientes como nosotros”. Claro que en se dan casos como el de España en el que los consultores o asesores a menudo son más incompetentes que los funcionarios.

Otro de los comentarios que recuerdo de Neil fue: “En el mundo anglosajón, todo trabajador humanitario o del desarrollo acaba publicando un libro”.  No se refería a un libro sobre el desarrollo, sino a ficción, cuentos, novelas…Pues parece que Neil ya ha hecho realidad la publicación de sus sueños. “Cautionary-tales-for-development-folk” es su libro de ficción.

Pero hay muchas formas de contar la misma historia, de ahí el actual auge en evaluación de tendencias como la visualización de datos, infografías y comics. Pero esa es otra historia y tendrá que ser contada en otro momento.